Con su cuento El niño y el colibrí, Jorge Elliot Aguilar, de nueve años de edad y originario de Huixquilucan, ganó el tercer lugar (compartido) de nuestro Concurso Estatal Pensador Mexicano de Literatura escrita por Niños y Jóvenes 2025. Su prodigiosa imaginación los dejará acolibrizados, tanto como lo hizo con nosotros:
El
niño y el colibrí
Hace un año, había un colibrí llamado Jor.
Jor siempre iba a visitar a un niño llamado Jorgito. A los dos les encantaba
jugar en el jardín. Jor era el mejor en las escondidas y las trais, mientras
que Jorgito era el campeón en esconditrais y salchicha.
Eran muy felices… hasta
que un día apareció una bestia.
¡Era tan grande como el
Burj Khalifa! De un solo paso, podía avanzar más de quinientos metros. Pronto
comenzó a destruir todo a su paso.
Un mes después, ya había
arrasado gran parte de Europa, Asia y casi todo Estados Unidos. Llegó a la
frontera de México.
Ese día, Jor y Jorgito
estaban en el cine. Algunos lugares trataban de mantener sus actividades para
calmar a la gente. Cuando salieron, se dieron cuenta del peligro.
—¡Tenemos que hacer algo!
—dijo Jorgito.
La bestia llegó al Estado
de México. Jor y Jorgito fueron a buscar ayuda a la casa del presidente, pero
cuando llegaron… ¡la bestia ya se lo había comido!
Con hambre y sin saber
qué hacer, buscaron comida. Todas las tiendas estaban cerradas, menos una. En
la puerta decía:
"La bestia es muy
peligrosa. Todos necesitamos algo. Comida gratis."
Entraron. Estaba lleno de
gente y no había cajeros. Cada uno tomaba lo que podía. Ellos también lo
hicieron.
Jorgito vivía en una casa
grande. Desde el quinto piso, podía ver a la bestia a lo lejos. Estaba como a
seis kilómetros, y cada vez se acercaba más. Las calles estaban llenas de gente
corriendo y gritando.
Jorgito recordó un bote
de basura limpio que su mamá guardaba en el jardín “por si acaso”. ¡Ese “por si
acaso” había llegado! Él y Jor se escondieron ahí. La bestia no los vio, pero
sabían que no podrían quedarse para siempre.
En la bodega de la casa,
encontraron una armadura, una espada de juguete reforzada con metal y un casco.
—¡Esto nos puede ayudar!
—dijo Jorgito.
Jor, con su velocidad y
su pico afilado, también estaba listo para luchar.
Para entonces, la bestia
había destruido buena parte del mundo. Los sobrevivientes se habían refugiado
principalmente en África y en el Estado de México.
Los que vivían en el
Estado de México conocieron a Jor y Jorgito. Todos empezaron a apoyarlos.
—¡Vamos a pelear por
nuestro mundo! —gritó Jorgito.
La batalla fue dura.
Aunque Jor picoteó a la bestia en la cabeza, eso solo la hizo enfurecer. La
bestia se volvió aún más violenta y los venció. Pero ellos no se rindieron.
Estaban tristes. Las
casas de sus amigos habían sido destruidas y en la suya ya no quedaba comida.
Volvieron a la tienda, comieron algo, y entonces pensaron:
—¿Qué pasará con los que
no tienen hogar?
Reunieron a un grupo de
personas y les dijeron:
—Nosotros iremos por la
bestia. Ustedes construyan nuevas casas.
Buscaron por todos lados
hasta que finalmente la encontraron de nuevo.
—¿Y si usamos un jet?
—preguntó Jorgito.
El ejército, que ya los
conocía por su valentía, les prestó uno. Pero el jet solo le hizo cosquillas a
la bestia.
Entonces, Jorgito recordó
algo:
—¡Hace cinco años leí
sobre una espada mágica clavada en una piedra! Tal vez sea real…
Acompañado de Jor, buscó
el lugar donde creía que estaba la espada. Y sí, ahí estaba.
Intentó sacarla… ¡y lo
logró!
Volvieron al jet. Volaron
sobre la bestia, y cuando estuvieron justo arriba de su cabeza, Jorgito se
lanzó al vacío con la espada mágica en la mano. Justo antes de caer sobre ella,
Jor lo empujó con todas sus fuerzas para que apuntara mejor.
¡La espada se clavó en la
frente de la bestia!
La criatura rugió, tembló
y cayó al suelo. Jorgito se deslizó por su espalda como en una resbaladilla,
justo antes de que se estrellara contra la tierra.
¡Habían ganado!
Un año después, el mundo
ya era normal otra vez. Las casas estaban reconstruidas. Las personas volvían a
sonreír. Y todos sabían que un niño y un colibrí valientes habían salvado el
planeta.
* Ilustrado con colibríes de diversos códices mexicanos

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