miércoles, 4 de marzo de 2026

EL NIÑO Y EL COLIBRÍ

 

Con su cuento El niño y el colibrí, Jorge Elliot Aguilar, de nueve años de edad y originario de Huixquilucan, ganó el tercer lugar (compartido) de nuestro Concurso Estatal Pensador Mexicano de Literatura escrita por Niños y Jóvenes 2025. Su prodigiosa imaginación los dejará acolibrizados, tanto como lo hizo con nosotros:

 

 El niño y el colibrí

Hace un año, había un colibrí llamado Jor. Jor siempre iba a visitar a un niño llamado Jorgito. A los dos les encantaba jugar en el jardín. Jor era el mejor en las escondidas y las trais, mientras que Jorgito era el campeón en esconditrais y salchicha.

Eran muy felices… hasta que un día apareció una bestia.

¡Era tan grande como el Burj Khalifa! De un solo paso, podía avanzar más de quinientos metros. Pronto comenzó a destruir todo a su paso.

Un mes después, ya había arrasado gran parte de Europa, Asia y casi todo Estados Unidos. Llegó a la frontera de México.

Ese día, Jor y Jorgito estaban en el cine. Algunos lugares trataban de mantener sus actividades para calmar a la gente. Cuando salieron, se dieron cuenta del peligro.

—¡Tenemos que hacer algo! —dijo Jorgito.

La bestia llegó al Estado de México. Jor y Jorgito fueron a buscar ayuda a la casa del presidente, pero cuando llegaron… ¡la bestia ya se lo había comido!

Con hambre y sin saber qué hacer, buscaron comida. Todas las tiendas estaban cerradas, menos una. En la puerta decía:

"La bestia es muy peligrosa. Todos necesitamos algo. Comida gratis."

Entraron. Estaba lleno de gente y no había cajeros. Cada uno tomaba lo que podía. Ellos también lo hicieron.

Jorgito vivía en una casa grande. Desde el quinto piso, podía ver a la bestia a lo lejos. Estaba como a seis kilómetros, y cada vez se acercaba más. Las calles estaban llenas de gente corriendo y gritando.

Jorgito recordó un bote de basura limpio que su mamá guardaba en el jardín “por si acaso”. ¡Ese “por si acaso” había llegado! Él y Jor se escondieron ahí. La bestia no los vio, pero sabían que no podrían quedarse para siempre.

En la bodega de la casa, encontraron una armadura, una espada de juguete reforzada con metal y un casco.

—¡Esto nos puede ayudar! —dijo Jorgito.

Jor, con su velocidad y su pico afilado, también estaba listo para luchar.

Para entonces, la bestia había destruido buena parte del mundo. Los sobrevivientes se habían refugiado principalmente en África y en el Estado de México.

Los que vivían en el Estado de México conocieron a Jor y Jorgito. Todos empezaron a apoyarlos.

—¡Vamos a pelear por nuestro mundo! —gritó Jorgito.

La batalla fue dura. Aunque Jor picoteó a la bestia en la cabeza, eso solo la hizo enfurecer. La bestia se volvió aún más violenta y los venció. Pero ellos no se rindieron.

Estaban tristes. Las casas de sus amigos habían sido destruidas y en la suya ya no quedaba comida. Volvieron a la tienda, comieron algo, y entonces pensaron:

—¿Qué pasará con los que no tienen hogar?

Reunieron a un grupo de personas y les dijeron:

—Nosotros iremos por la bestia. Ustedes construyan nuevas casas.

Buscaron por todos lados hasta que finalmente la encontraron de nuevo.

—¿Y si usamos un jet? —preguntó Jorgito.

El ejército, que ya los conocía por su valentía, les prestó uno. Pero el jet solo le hizo cosquillas a la bestia.

Entonces, Jorgito recordó algo:

—¡Hace cinco años leí sobre una espada mágica clavada en una piedra! Tal vez sea real…

Acompañado de Jor, buscó el lugar donde creía que estaba la espada. Y sí, ahí estaba.

Intentó sacarla… ¡y lo logró!

Volvieron al jet. Volaron sobre la bestia, y cuando estuvieron justo arriba de su cabeza, Jorgito se lanzó al vacío con la espada mágica en la mano. Justo antes de caer sobre ella, Jor lo empujó con todas sus fuerzas para que apuntara mejor.

¡La espada se clavó en la frente de la bestia!

La criatura rugió, tembló y cayó al suelo. Jorgito se deslizó por su espalda como en una resbaladilla, justo antes de que se estrellara contra la tierra.

¡Habían ganado!

Un año después, el mundo ya era normal otra vez. Las casas estaban reconstruidas. Las personas volvían a sonreír. Y todos sabían que un niño y un colibrí valientes habían salvado el planeta.


* Ilustrado con colibríes de diversos códices mexicanos


No hay comentarios:

Publicar un comentario