Con "El gato volador", la tepotzotleca Camila Estrada González, ha recibido una vez más la mención honorífica en nuestro Duodécimo Concurso Estatal Pensador Mexicano de Literatura Escrita por Niñas, Niños y Jóvenes 2024, y con ello queremos reconocer su tenacidad, su naturaleza creativa y sobre todo su esfuerzo, porque el talento es nada si no se acompaña de trabajo constante. Esperamos disfruten de esta historia felina:
El gato volador
En la escuela, Spaguetti no se libraba de
las burlas, humillaciones y de ser tratado injustamente, siempre le escondían
su lunch o sus útiles escolares, lo usaban como ayuda en las tareas cuando les
convenía y el resto del día lo ignoraban o le hacían burla, siempre estaba solo
en el recreo.
Un día, Spaguetti decidió marcharse de su
casa porque ya no aguantaba las críticas y desigualdades que vivía
constantemente, además estaba muy flaco y hambriento ya que su familia solo
comía aves y a él no le gustaba comerse a sus amigos. Otras veces, cuando comían
pescado, solo le dejaban las sobras al pobre gato. Después de un largo viaje,
únicamente acompañado por sus amigos y amigas las aves, Spaguetti encontró la
casa perfecta, hasta parecía sacada de un sueño:
Era una roca hueca de la parte de abajo,
justo para tener un techo con el cuál cubrirse, había pasto, un río con peces
gordos y abundantes que podría compartir con las aves y no se acercaban los
humanos por esa zona. Estaba decidido, Spaguetti se quedaría a vivir allí, dejó
en un hueco de la cueva lo poco que tenía: una charola vieja, una manta, un
sobre de comida que hacían los humanos y una fotografía de su abuela que había
fallecido y era la única que había comprendido a Spaguetti y lo había respetado
y querido. Sus cosas las cargaba en una simple manta café, luego de dejarlas se
dispuso a explorar los alrededores, todo era muy bonito y Spaguetti le
agradeció al universo que le dio un lugar tan hermoso para vivir.
Después de un tiempo viviendo ahí, Spaguetti se puso más gordito, pues ahora comía todos los días, hizo amigos aves y conoció a otros animales que vivían por ahí y que eran muy amigables y dispuestos a ayudarse entre sí, claro que no todo siempre fue de color rosa, había algunas veces que se peleaban los vecinos, había veces que se secaban las cosechas y más cosas, pero aún así, Spaguetti disfrutaba su vida nueva. Sin embargo, había algo que le faltaba a Spaguetti: volar. Tristemente comprendió, gracias a sus amigas las aves que la forma en que estaba formado su cuerpo no podría cumplir su sueño de volar, pero tenía otras habilidades, cómo ser muy rápido, trepar árboles, rocas y muros muy fácilmente, además de ser muy ágil al caer: siempre en cuatro patas. Cuando Spaguetti entendió que todos eran diferentes y únicos aceptó que no podría volar, pero sí disfrutar de la vida con sus propias habilidades de gato.
Cierto día, mientras Spaguetti estaba
recolectando pescados, llegó una visita inesperada, era su hermano. El gato
naranja atigrado vió de reojo a un gato de un tono gris uniforme que se acercaba,
Spaguetti lo reconoció de inmediato, pues nadie tenía un tono como el de su
hermano. Al principio fue incómodo, pues Spaguetti hacía mucho que no veía a
nadie de su familia y pensaba que todos lo odiaban, su hermano fue el primero
en hablar: se disculpó con Spaguetti por no apoyarlo como un hermano a pesar de
que siempre le pareció muy interesante la forma de pensar de Spaguetti. Éste
dudó en aceptar las disculpas de su hermano porque pensó que podía ser un
engaño de su familia que le quitaría todo lo que había construido hasta ahora,
pero después de reflexionar, Spaguetti comprendió a su hermano y aceptó sus
disculpas sinceras. Estaba muy feliz, ahora tenía a alguien de su familia que
lo apoyaba y en quien confió conforme pasaba el tiempo.
Y colorín colorado, Spaguetti el gato se despide con un abrazo.
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Ilustraciones de Utagawa Kuniyoshi (1797-1861) |
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