Bien es sabido que las ruinas antiguas
siempre guardan en sus añosos muros no sólo historia, sino también fantasmas.
El actual Museo Nacional del Virreinato no es la excepción y aunque de muchas
de sus salas, rincones y espacios se cuentan leyendas, un conjunto de edificios
se considera el que mayor actividad paranormal registra a la fecha: Los Molinos
de Xuchimanga, la zona arqueológica que el museo tiene en el olvido al grado de
prohibir la entrada a ellos y apostar por su destrucción ¿porqué? Nunca lo han
explicado. Pero desde hace siglos, en aquel espacio atravesado por ductos
subterráneos, se habla de presencias y aparecidos, desde quienes ven personas
vestidas a la usanza azteca (como aquel macehual que de rodillas, en las
entradas de los tuneles, invitaba a los niños a entrar en las penumbras), hasta
la novia ensangrentada que sale del molino y desaparece en el muro que mira
hacia la avenida Juárez. Ruido de cadenas, lamentos, gritos de agonía, son
algunas de las cosas que han oído quienes se quedan solos entre esas paredes
derrumbadas. Sobre todo en las noches. Es curioso que se habla de
desapariciones misteriosas (sobre todo de infantes) y un registro de varias
personas que perdieron ahí la vida sin explicación aparente. Los antiguos
decían que hay una considerable cantidad de espíritus atrapados esperando a que
llegue un nuevo difunto a ocupar su lugar, y por eso propician la muerte de los
curiosos. Hace un par de años, durante una noche de tormenta, en los monitores
de vigilancia se registró el llanto de un niño. Un par de guardias acudió y no
hallaron nada. Uno de ellos tomó una foto en el edificio subterráneo, pues dijo
sentir presencias en torno a ellos. Cuando revisó la fotografía, se dió cuenta
que había muchos rostros fantasmales, algunos en agonía, otros demoníacos. Me
hizo llegar la imagen, la cual comparto con ustedes. En círculos rojos algunas
de estas presencias. Si se revisa con atención, se miran muchas más...juzguen
ustedes, amigas, amigos.

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