Tepotzotlán, la tierra del Jorobado, es
cuna de arte y cultura que han trascendido a México y al resto del mundo. Se ha
dicho, por ejemplo, que probablemente sea la cuna de las posadas, tal y como lo
registraba un mosaico en rejón de rajuela, de diminutas piedras tezontle, que
se encontraba en la barda sur del atrio de los olivos y representaban a unos
niños pegándole a una piñata. Cercana estaba también una flor de noche buena. Este
mosaico fue repellado con cal por las “obras de remodelación” de un munícipe tarugo
de los que tanto abundan —como búlgaros— en nuestras genealogías. Aún queda un
ejemplo de este arte “tequitqui” en el muro del actual Museo Nacional del
Virreinato que mira al sur, a la altura de la Cruz Ámbar, y que representa signos,
también forales, del antiguo señorío prehispánico.
Lo de cuna de las posadas
es una teoría. Sin embargo, otro hecho sí es comprobable en la historia del
arte popular mexicano y es que las calaveritas literarias, esos versos macabros
y cómicos que se hacen en las vísperas del Día de Muertos, son creación de una célebre
mujer nacida en Tepotzotlán. Su nombre es Matiana y vivió a finales del siglo
diecisiete o principios del dieciocho. De ella tenemos noticias por la
biografía de sor Sebastiana Maya, del convento de San Juan de la Penitencia de
la Ciudad de México, quien la tuvo a su servicio, y también por aquel libro de
kilométrico título Profecías de Matiana
acerca del triunfo de la Iglesia (expurgadas, defendidas y corroboradas con
respetabilísimos y muy notables vaticinios de satos, de personas canónicamente
beatificadas y de otras que han muerto con olor
a santidad) que en 1863 publicara Antonio Martínez del Cañizo
mediante el auspicio del Círculo Católico.
Probablemente Matiana fuera
de sangre ñathó. Tenía el poder de curar y ostentaba el don de la profecía. Por
ser sanadora, se le llamó a varios conventos de la Ciudad de México y al final recayó
en el convento de San Jerónimo, el mismo donde profesara nuestra gran poeta Sor
Juana Inés de la Cruz. Entre las jerónimas, la madre Matiana auxiliaba tanto a
las monjas como a los feligreses, con tal devoción que se ganó el mote, sin
profesar, de Madre Matiana del Espíritu Santo.
Acerca de su otro don, el
de la profecía, se dice que la Madre Matiana vislumbró la caída de la colonia
novohispana, la guerra de independencia, las reformas de Benito Juárez, el paso
del cometa Halley, la revolución mexicana y el temblor de 1985. Además, existen
una serie de profecías apocalípticas que marcan a México como el epicentro del
fin del mundo. Muchas de estas profecías las hizo en verso y así las comunicaba
a la gente y como no pocas veces tenía que anunciar la muerte de alguien, para
aminorar el efecto negativo, comenzó a anunciar sus profecías mortuorias
mediante versos “amables” en los que la Mictlancihuatl, más que un ser nefasto,
se presentaba como una amiga, una cómplice que podía incluso ponerse a jugar con
nosotros antes de llevarnos.
Populares fueron dichos versos
entre la población mexicana, quien bautizó a las creaciones de la Madre Matiana
como “calaveritas”. Estas calaveritas se publicaron con profusión en los
volantes del impresor decimonónico Antonio Vanegas Arroyo, mismos que eran ilustrados
con grabados de los maestros Manuel Manilla y José Guadalupe Posada. Al paso
del tiempo, la propia gente imitó este estilo de rimar y las usaron para
satirizar a personajes populares de la política y la vida cultural y social del
país, así como sucedidos del momento o asuntos en boga, de tal suerte que las
calaveritas literarias se convirtieron en una tradición inherente del 1 y 2 de
noviembre, tan indispensable para estas fiestas como el pan de muerto, los
altares de difuntos o los cráneos de azúcar.
Es nuestra responsabilidad, como tepotzotlecas, mantener viva la memoria de la Madre Matiana del Espíritu Santo. Indicar al mundo su trascendencia en la cultura popular mexicana y no dejar que se pierda su imagen en las nieblas del olvido. Tristemente, no existe en nuestro municipio ni en nuestro país, una calle con su nombre o un monumento o una placa que la conmemore.
Calaverita literaria a la memoria de
la madre Matiana de Tepotzotlán
Una calaverita traigo
A la mujer que las inventó,
profeta Madre Matiana
que en el Jorobado nació.
Orgullo de Tepotzotlán,
de México y cada rincón,
de éste y el otro mundo
donde a la Muerte cantó.
Vives en los corazones
de los hijos del Mictlán,
que somos los mexicanos
pero más los de Tepotzotlán.
Ya la muerte te llevó
a que le siguieras cantando
nos dejaste tus versitos
y ya los estoy rimando
Madre Matiana, profeta,
curandera y versadora
queda tu nombre en la Gloria
de la Santa Muerte Señora.
Palomo que andas sobrado
En la tierna sementera
Cántame esta calavera
Desde el monte Jorobado.
* Texto aparecido en Ncogüe. Crónicas de
Tepotzotlán, libro con el que el anticronista del pueblo, Juan de Dios Maya
Avila, ganó el Premio Estatal de Crónica Nezahualcóyotl Yoyontzin. *La
fotografía en blanco y negro es autoría del mismo anticronista.

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