viernes, 6 de noviembre de 2026

LA PROFETA MADRE MATIANA DE TEPOTZOTLÁN

Tepotzotlán, la tierra del Jorobado, es cuna de arte y cultura que han trascendido a México y al resto del mundo. Se ha dicho, por ejemplo, que probablemente sea la cuna de las posadas, tal y como lo registraba un mosaico en rejón de rajuela, de diminutas piedras tezontle, que se encontraba en la barda sur del atrio de los olivos y representaban a unos niños pegándole a una piñata. Cercana estaba también una flor de noche buena. Este mosaico fue repellado con cal por las “obras de remodelación” de un munícipe tarugo de los que tanto abundan —como búlgaros— en nuestras genealogías. Aún queda un ejemplo de este arte “tequitqui” en el muro del actual Museo Nacional del Virreinato que mira al sur, a la altura de la Cruz Ámbar, y que representa signos, también forales, del antiguo señorío prehispánico.

Lo de cuna de las posadas es una teoría. Sin embargo, otro hecho sí es comprobable en la historia del arte popular mexicano y es que las calaveritas literarias, esos versos macabros y cómicos que se hacen en las vísperas del Día de Muertos, son creación de una célebre mujer nacida en Tepotzotlán. Su nombre es Matiana y vivió a finales del siglo diecisiete o principios del dieciocho. De ella tenemos noticias por la biografía de sor Sebastiana Maya, del convento de San Juan de la Penitencia de la Ciudad de México, quien la tuvo a su servicio, y también por aquel libro de kilométrico título Profecías de Matiana acerca del triunfo de la Iglesia (expurgadas, defendidas y corroboradas con respetabilísimos y muy notables vaticinios de satos, de personas canónicamente beatificadas y de otras que han muerto con olor  a santidad) que en 1863 publicara Antonio Martínez del Cañizo mediante el auspicio del Círculo Católico.

Probablemente Matiana fuera de sangre ñathó. Tenía el poder de curar y ostentaba el don de la profecía. Por ser sanadora, se le llamó a varios conventos de la Ciudad de México y al final recayó en el convento de San Jerónimo, el mismo donde profesara nuestra gran poeta Sor Juana Inés de la Cruz. Entre las jerónimas, la madre Matiana auxiliaba tanto a las monjas como a los feligreses, con tal devoción que se ganó el mote, sin profesar, de Madre Matiana del Espíritu Santo.

Acerca de su otro don, el de la profecía, se dice que la Madre Matiana vislumbró la caída de la colonia novohispana, la guerra de independencia, las reformas de Benito Juárez, el paso del cometa Halley, la revolución mexicana y el temblor de 1985. Además, existen una serie de profecías apocalípticas que marcan a México como el epicentro del fin del mundo. Muchas de estas profecías las hizo en verso y así las comunicaba a la gente y como no pocas veces tenía que anunciar la muerte de alguien, para aminorar el efecto negativo, comenzó a anunciar sus profecías mortuorias mediante versos “amables” en los que la Mictlancihuatl, más que un ser nefasto, se presentaba como una amiga, una cómplice que podía incluso ponerse a jugar con nosotros antes de llevarnos.

Populares fueron dichos versos entre la población mexicana, quien bautizó a las creaciones de la Madre Matiana como “calaveritas”. Estas calaveritas se publicaron con profusión en los volantes del impresor decimonónico Antonio Vanegas Arroyo, mismos que eran ilustrados con grabados de los maestros Manuel Manilla y José Guadalupe Posada. Al paso del tiempo, la propia gente imitó este estilo de rimar y las usaron para satirizar a personajes populares de la política y la vida cultural y social del país, así como sucedidos del momento o asuntos en boga, de tal suerte que las calaveritas literarias se convirtieron en una tradición inherente del 1 y 2 de noviembre, tan indispensable para estas fiestas como el pan de muerto, los altares de difuntos o los cráneos de azúcar.

Es nuestra responsabilidad, como tepotzotlecas, mantener viva la memoria de la Madre Matiana del Espíritu Santo. Indicar al mundo su trascendencia en la cultura popular mexicana y no dejar que se pierda su imagen en las nieblas del olvido. Tristemente, no existe en nuestro municipio ni en nuestro país, una calle con su nombre o un monumento o una placa que la conmemore.


Calaverita literaria a la memoria de la madre Matiana de Tepotzotlán

 

Una calaverita traigo

A la mujer que las inventó,

profeta Madre Matiana

que en el Jorobado nació.

Orgullo de Tepotzotlán,

de México y cada rincón,

de éste y el otro mundo

donde a la Muerte cantó.

Vives en los corazones

de los hijos del Mictlán,

que somos los mexicanos

pero más los de Tepotzotlán.

Ya la muerte te llevó

a que le siguieras cantando

nos dejaste tus versitos

y ya los estoy rimando

Madre Matiana, profeta,

curandera y versadora

queda tu nombre en la Gloria

de la Santa Muerte Señora.

Palomo que andas sobrado

En la tierna sementera

Cántame esta calavera

Desde el monte Jorobado.



* Texto aparecido en Ncogüe. Crónicas de Tepotzotlán, libro con el que el anticronista del pueblo, Juan de Dios Maya Avila, ganó el Premio Estatal de Crónica Nezahualcóyotl Yoyontzin. *La fotografía en blanco y negro es autoría del mismo anticronista.



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