¿Quién entre los visitantes al Palacio Municipal de Tepotzotlán no ha visto el bello mural que desde hace décadas adorna la pared norte de este inmueble? Imposible subir las escalinatas y no entretenerse con las escenas que a manera de caleidoscopio ofrece a los curiosos. Rápidamente, nos damos cuenta que relata la historia de nuestro pueblo desde su lejano pasado otomí hasta la colonia. He ahí los primeros basamentos para adorar al dios jorobado Ccogüe, luego la llegada de los peregrinos aztecas y la eventual conquista de los mexicas que prevalecieron el nombre del pueblo, aunque en náhuatl: Tepotzotlán, y sus costumbres socioeconómicas, como la caza y la siembra.
La trágica llegada de los hispanos es contemplada por un par de espías mexicas que llevarán la noticia a Mexico Tenochtitlan y eventualmente al señorío aliado de Tepotzotlán, lugar donde, al cabo de la llamada Noche Triste, y en la huida del destrozado ejército español, se libraría una cruenta batalla con la cual la antigua ciudad prehispánica del jorobado, comenzó a extinguirse. En la esquina inferior izquierda, un grupo de antiguos mexicanos y un soldado español, contemplan la escena en una loma que se yergue sobre curiosa y misteriosa cueva cuyo origen y nombre nos es oscuro.
¿Será la Cueva de la Leona? ¿Será la cueva del Cerro de la Columna? No sabemos. Sólo nos queda mirar, como aquel grupo sobre la loma, el nuevo orden sobre el que se edifica el Tepotzotlán colonial y sus dos grandes símbolos: el colegio jesuita y los Arcos del Sitio, ambos presentados en su etapa formativa. El mural se dice fechado de 1975, aunque algunos dicen que realmente se terminó entre 1979 y 1981, cuando fue presidente municipal Alberto Almazán. Su creadora fue la pintora Lolita Rangel, de quien no tenemos mayores datos, pero quien ya ha dejado este bello “códice” a la posteridad.
* Escrito por el anticronista de Tepotzotlán, Juan de Dios Maya Avila Ehmibäthä




