Es bien sabido que, en la primera década del siglo XX, el fotógrafo alemán Guillermo Kahlo, padre de la pintora Frida Kahlo, visitó varias veces el antiguo colegio jesuita de Tepotzotlán, el cual, sin ser todavía oficialmente un museo, ya se había convertido en uno de los paseos más exóticos para la gente que visitaba la alejada Ciudad de México. Kahlo llevó a cabo una serie de ensayos fotográficos en diversas sesiones, sobre todo para la revista El Mundo Ilustrado, uno de los pasquines de mayor demanda entre la rancia aristocracia del porfiriato. Múltiples imágenes nos legó el teutón, tanto de los exteriores, pero sobre todo de los altares del templo de San Francisco Xavier, que al parecer le tenían fascinado. Entre sus fotografías, hay una, probablemente de 1910 o 1911, en que la fachada es el personaje principal, y no obstante, nos ofrece detalles sobre algunos elementos arquitectónicos circundantes, ya desaparecidos en nuestra época.
En primer lugar, vemos algunos pinos sembrados a las afueras de la hostería donde los jesuitas daban alojo tanto a visitantes, como a peregrinos, pues la Virgen de Loreto contaba con nutrida feligresía.
Inmediatamente, a un costado, en la esquina interior que hacen el templo de San Francisco Xavier y la barda septentrional de su atrio, vemos las tumbas de personajes prominentes que fueron retiradas, décadas más tarde, cuando se hizo el “embellecimiento” contemporáneo de lo que a la postre sería el Museo Nacional del Virreinato.
En la fachada del templo, como ojo divino, el ventanal ochavado, que es también ombligo de balance en ese “caos” churrigueresco, aún está sostenido por dos arcángeles, demostrando que para 1911 aún no se había perdido el arcángel que, viendo la fachada de frente, estaba de lado derecho. Dicho personaje se perdió no hace mucho. Quién sabe dónde estará, si en el taller de restauración del museo o en algún jardín, de adorno. Y no sabemos, por la opacidad de información que se tiene ante tales sucesos. ¿Se habían dado cuenta ustedes de que faltaba?
Ahora, hacia el sur, vemos lo que son dos grandes casonas presumiblemente del siglo XVIII, aunque para entonces ya fraccionadas quizá para que varias familias les habitaran. Corresponden, actualmente, a una casa de préstamos y dos bancos. Cambios sustanciales ha habido en las fachadas, pero también hay detalles, sobre todo en los pórticos, que se conservan aún. Resaltan los adornos, pilastras, arquerías, los portones de madera y sus desmesuras. También algunos vanos tapiados, incluyendo un pórtico que yace parcialmente censurado con ladrillos, a no ser por una puerta que se le practicó lateralmente.
Escrito por el anticronista Juan de Dios Maya Avila. Otras noticias similares pueden consultarse en Ncogüe. Crónicas de Tepotzotlán libro ganador del Primer Premio de Crónica Estatal Yoyontzin Nezahualcóyotl editado por la Secretaría de Cultura del Estado de México










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