viernes, 19 de diciembre de 2025

CACIQUES, MOLINOS, ZANJAS REALES Y TLAPUENTES. TEPOTZOTLÁN EN UN PLANO DE 1758

 

Afamado cacique de Tepotzotlán fue Don Martín Maldonado Itlatzin, noble de origen náhuatl (si atendemos a su nombre) dueño de un buena parte del pueblo, lo cual le confería autoridad incluso ante los españoles. Vivía don Martín en el barrio de Amáxac (Donde se bifurca el agua). En 1580, cuando arriban los jesuitas al señorío del jorobado, el cacique les dona un cúmulo de hectáreas para que funden sus casas. Los jesuitas, en agradecimiento, fundarán el colegio de naturales de San Martín para los hijos de los nobles nahuas y otomíes. San Martín se llamará también desde entonces el barrio de Amáxac. Un par de siglos más seguirá sintiéndose el poder del cacique en sus descendientes. Y ello lo podemos saber gracias a un plano de 1758 que busca deslindar ciertas propiedades de los españoles que llegaron a vivir al pueblo contra las huertas y casas de los herederos del cacique nahua, en especial del patriarca en turno, que ostenta no sólo el apellido, sino el nombre de su tatarabuelo: don Martín de Velasco Maldonado.  No sabemos si se trata de la misma casa de su antepasado. El plano se convierte en uno de los primeros mapas del ahora centro histórico de Tepotzotlán. Vemos huertas, casas de principales y de naturales, parte de la sierra, los caminos hacia Coyotepec y Santa Bárbara,  la zanja real y un curioso puente que tiene el primoroso nombre “tequitqui” (híbrido de español y náhuatl) de Tlapuente. También se ve el agua que ha de entrar a los Molinos de la Compañía o Molinos de Xuchimanga, hoy en franco deterioro y casi hechos una ruina tras del saqueo y la poca atención y cuidado que le ponen la autoridades municipales, el Museo Nacional del Virreinato (que lo tiene bajo su “custodia”) y el olvido al que el mismo pueblo los ha sometido. Con los casi nulos conocimientos que tengo en paleografía, hago una interpretación de los textos de esta foja, que espero sirvan también como una guía que ayude a entender este plano-mapa de Tepotzotlán.

El documento fue hecho por el juez don Melchor de Torres en el año de 1758 y comienza refiriendo en la parte superior del mismo:

 


“Para que en su presencia se diga la (…) medida y que después della (de ella) se haga una pintura en el plano y en ella se pongan y se señalen las tazas que tuviesen de una parte a otra en todas las  cuatro (¿esquinas?) con todo el (….) y que al demás de la pintura, la firmarán para más verificación de la posesión que don Martín Velasco ha tomado y así lo mandaron y lo firmaron siendo testigos Francisco Fernández, Gonzalo (¿?) de la (¿Barquera?), (¿Duio de Hen?),  Benito Díaz, Alonso Hernández, Alonso García todos españoles (¿?) unos estantes en este pueblo que todos se hallaron presentes, todo, todos, (¿ns?) bala”

Firmas:

D. Melchor de Torres (juez)

Don Martín de Velasco Maldonado  e hijos

Don Diego Hipólito

Don Francisco Ximénez Hernández (fiscal)

Domingo (¿García?)

¿Po Damián?

D. Diego de (¿?)

Marcos de la (¿?)

Las demás ilegibles pero todas rodeando un símbolo que recuerda un portón o una cerradura, marca de que es un predio propiedad de Alonso Hernández, español. Y luego una franja horizontal con puntos, el primer delimitado.

Luego viene, con el mismo símbolo, que es un portón: “la casa de Alonso García (¿Turrado?) que esta es la huerta del señor Alonso García”

Luego, tras una delimitación, viene, a la derecha, un siguiente predio de menores dimensiones: “este es el solar que no está cercado, linda con la huerta de Alonso García Turrado de poniente a oriente tiene ciento y veinte tres varas 123 varas”.

Seguimos, en la parte izquierda del documento, con la huerta de Alonso García Turrado. Vemos como se extiende de norte a sur y que es muy grande. Hay en ella diversidad de flora y lo que parece ser un monte con nopalera y ¿plantas de maíz? Y justo detrás del monte, emerge un cuerpo de agua (seguramente la zanja real) que dice: “esta es la zanja por donde (¿va?) el agua a los molinos de la compañía de Jesús”.


Esta zanja nace (en el mapa) de la propiedad de Alonso García, pero pasa en su mayor parte por la huerta de a lado que quizá pertenece a la casa de don Martín de Velasco Maldonado y don (¿Francisco? ¿Luis? ¿Juan?) de Velasco Maldonado, los caciques, que ya volveremos a ellos . De mientras sigamos con la huerta de Alonso García, pues aún hay “la carne (¿sería) (¿carnicería?)”, el “tajón” (marcado en un cuadrado) que es el lugar donde se tasaja la carne  y un cuadro más que dice: “esta es el corral del matadero” y junto a éste, al sur, el “corral de ¿acceso?”. Cruzando ese corral de acceso, rumbo al poniente (izquierda), pasando una nopalera, llegaremos a un edificio que señala que “la ermita ¿aquí? se empieza”.

Más al sur, donde termina el cuadro, hay un símbolo de almohadilla (mejor conocido por nosotros como “gato”), donde leemos la leyenda: “la ¿desta? Casa se ¿midió? del poniente al oriente tiene ciento y sesenta y cinco varas 165 varas”.

Justo a la derecha, viene una de esas hermosas palabras híbridas entre el español y el náhuatl: Tlapuente o Tlalpuente de tlalli (tierra) y el castellano puente: Puente de tierra. Y la marca dice así: “Tlapuente de la zanja” que colinda con la “Huerta del ¿colegio? o de ¿Collado?”.

Cruzando el tlapuente de la zanja, damos de frente con un camino: “este es el camino real que viene de Santa Bárbara a este pueblo de Tepotzotlán y tiene de ancho de…” y luego viene otra almohadilla sobre lo que quizá sea un basamento de piedra y más a la derecha lo que pareciera un pie, símbolo prehispánico que denota que se trata de un camino. Y debajo, en el dibujo de un portón o puerta, una frase que se ha perdido al final y que dice: “esta es la puerta de ¿nist?  ¿pes? (y el resto es ilegible)”.

Volvamos más al norte, a la huerta de ¿Po Damián?, vecino de Alonso García, pues éste a la derecha de su posesión, marca un cuadrado que dice: “este es un corral de bueyes” y justo debajo, en lo que quizá ya no sea su propiedad, un espacio que dice: “este es el solar que no está cercado”. En la huerta de ¿Po Damián?, no vemos nopaleras, sino lo que quizá sean milpas y árboles frutales. Tanto los corrales de bueyes, como el solar sin cercado, colindan al oriente (derecha) con una vía que dice: “este es el camino real que viene de Coyotepec que va derecho a los molinos de los padres de la compañia de Jesús (*esta nomenclatura la descifró la maestra Carmen Aceves, guía del museo), tiene de largo de norte a sur doscientas veinte y seis varas 226 varas de (¿?)”. Marca en la esquina nororiente (superior derecha) dos pies iconográficamente relacionados al signo prehispánico para “camino”. Justo debajo, un pequeño cuadrado que marca la “casa de ¿Po Cha? Natu(ral)”, hacia el sur una milpa y luego otra casa “la casa de ¿Jacinto? Maldonado ¿Di Hesto? O ¿di español?”. Siguiendo al sur, una calle, marcada con ¿arena (xalli)?, que separa la casa de Maldonado de una propiedad que dice: “esta es la casa y huerta de ¿vi ue fran de angus?, españ(ol)”, cuyo portón da hacia el mentado camino a Santa Bárbara.


Ahora sí, la casa y huerto que mayor espacio ocupan en la pintura, justo al centro, por donde hemos visto ya que hacia el poniente cruza la zanja real un huerto donde también vemos una montaña o promontorio con una ¿cueva?, en cuya entrada hay una nopalera. También hay Milpas y árboles frutales y al poniente una casa enorme, con portón herrado y construida en piedra a la usanza española, que pertenece, no obstante, a los caciques nahuas de Tepotzotlán y que , en sus grandes dimensiones, contrasta con las casas de los españoles y, por supuesto, de los demás naturales, significando la importancia de dichos caciques. Dice la leyenda: “estas son las casas de don Martín de Velasco Maldonado y de don (¿Francisco? ¿Luis? ¿Juan?) de Velasco Maldonado caciques y principales de este pueblo de Tepotzotlán”. Y justo al oriente, pegado a la casa, una franja que aún nos indica que es “el solar de don Martín de Velasco Maldonado y de don (¿Francisco? ¿Luis? ¿Juan?) de Velasco Maldonado”.


Y hasta aquí con este plano-mapa de los caciques nahuas de Tepotzotlán del año del señor de mil setecientos y cincuenta y ocho, a tan sólo cinco décadas de distancia para que comenzara la guerra por la independencia de México.

 

 

 * Escrito por el anticronista de Ncogüe Tepotzotlán, Juan de Dios Maya Avila Ehmibäthä


 


martes, 16 de diciembre de 2025

SANTIAGO CUAUTLALPAN Y CAÑADA DE CISNEROS EN 1590

 


Al momoxteca don Víctor Vargas, cronista del pueblo

 

Bien sabido es que tras la caída de la ciudad doble de México Tenochtitlan y México-Tlatelolco a manos de los tlaxcaltecas, otomíes, españoles y demás aliados, comienza la reconfiguración del Anáhuac. Bastión mexica era el altépetl de Tepotzotlán y la mayoría de sus barrios y pueblos, entre ellos Santiago Cuautlalpan, una de las tres cabezas del señorío junto con la mencionada cabecera y San Mateo Xóloc. No así Cañada de Cisneros, o bien Momoxtla (su nombre náhuatl), un pueblo que estaba en la marca entre mexicas y ñathö-otomíes, en un territorio más bien dominado por estos últimos. Bueno, algo podremos imaginar el cómo era aquella antigua región apenas 70 años después de la conquista, gracias a este mapa, depositado en el Archivo General de la Nación, cuya fecha de emisión es la de 1590 y que marca los linderos entre el pueblo de indios de Santiago Cuautlalpan y el español Juan Cisneros o Juan de Cisneros, personaje que ha sido estudiado por el cronista del pueblo, don Víctor Vargas, eminente momoxtleca-cañadense, a quien hemos dedicado este escrito.


            Bien, comenzamos con un largo camino que cicatriza el lienzo de manera diagonal: el camino de Santiago a Chapa de Mota. Nuestro mítico lugar de origen de los ñathö de Ncogüe Tepotzotlán. Nonthë Tepeticpac, luego conocido como Chapa y al que se adicionó el apellido Mota, por el lugarteniente de Hernán Cortés, Jerónimo Ruiz de la Mota, quien recibiera aquel pueblo como recompensa. Ya en el mapa aparece como Chapa de Mota y se marca el camino con el antiguo glifo prehispánico de los pies, en una caminata que va de oriente a poniente, esto es de Santiago hacia Chapa, atravesando los cerros.


Jerónimo Ruíz de la Mota

 Santiago, que en el mapa se nombra como Quatlapa, es reconocible por su parroquia (que sigue en pie) y un conjunto de casas y edificios pintados a la usanza de la casa o calli preshipánica, con su sobresaliente pretil y la escalinata de acceso, que las hace contrastar con las casas españolas del también soldado cortesiano Juan de Cisneros y la viuda de Lázaro Herrera. Dos “arroyos que bajan de una cañada” hacen su junta casi entrando al pueblo de Quautlapa y algunas casas se miran en su ribera, cuando se hace el río que tiende hacia Tepotzotlán.


            Caminando, pues, rumbo a Chapa, como si fuéramos otomites de la época, veremos a nuestra derecha, atrapado entre los dos arroyos, un gran plan que se marca en un círculo como una “cabelleriza de tierra” que quiere Juan de Cisneros que sea de su propiedad. Y aquí habrá que preguntarse, si dichas cañadas que bajan los arroyos, de verdad quedaron en propiedad del español Juan y entonces se les comenzaría a llamar las Cañadas de Juan de Cisneros y luego, con el tiempo, Cañadas de Cisneros. Aunque ahora se diga que el antiguo Momoxtlan sea nada más Cañada de Cisneros. Al norponiente, en el somonte, vemos la casa de aquel afamado español, con su abigarrada fachada cuadricular y su gran entrada. ¿Qué habrá sido de dicha casa? ¿Dónde estaría emplazada? ¿Cerca de la actual parroquia? Las tierras del cerro se marcan como suyas y se especifica que en ellas se concentra ganado menor.



            Al sur poniente, curiosamente en la punta más pequeña de un cerro de dos jorobas, vemos una casa menor, aunque también de considerables dimensiones, cuya dueña es la viuda de Lázaro Herrera, seguramente otro español, del que no tenemos mayores noticias, ni tampoco de su viuda. Tan sólo que se estaba disputando lindes con Juan de Cisneros y que muy seguramente perdió ante éste. Y bueno, hasta aquí nuestro asomarnos al antiguo altépetl de Tepotzotlán y sus hermosísimos Pueblos Altos, ni más ni menos que en el año del señor de mil quinientos y noventa.



*Escrito por Juan de Dios Maya Avila, anticronista de Ncogüe Tepotzotlán



lunes, 15 de diciembre de 2025

CARA DE GUAJE


 Con su cuento “Cara de guaje” la jovencita Dafne Macías Domínguez se hizo acreedora al segundo lugar de nuestro Concurso Estatal Pensador Mexicano de Literatura Escrita por Niñas, Niños y Jóvenes 2025. Dafne es originaria del bellísimo municipio suriano de Tonatico y forma parte del taller literario de la escritora Eréndira Domínguez Lealva (Ere). “Cara de guaje” es un relato conmovedor, que nos recuerda la densidad que nuestros abuelos y abuelas tienen en nosotros y cómo, de muchas maneras, viven dentro nuestro, aun cuando  han partido de nuestro lado. Esperamos lo disfruten tanto como nosotros:

 

 


Cara de guaje

 

¡Puaj!

 

Eso era lo que decía Raúl cada vez que en su plato aparecían los guajes.

 

—¿Otra vez guajes? ¿¡No se cansan!? —gritaba con drama digno de telenovela.

 

Pero no importaba cuánto protestara, los guajes siempre volvían.

Desayuno, comida, cena…Guajes hervidos, asados, con sal, con chile, en salsa, en agua (¿¡agua con guaje!?) y hasta en un tamal extraño que parecía castigo divino.

 

—Un día voy a despertar con cara de guaje, ¿eh? —decía mirando a todos con ojos de tragedia.

 

Su mamá solo levantaba la ceja.

Su papá ni lo pelaba.

Pero su abuelo… ah, su abuelo se reía. Siempre se reía.Una tarde, mientras pelaban guajes bajo el árbol que crecía en medio del patio, el abuelo le dijo:

 

—Tú te quejas mucho porque no sabes lo que valen.

 

Y ahí vino la historia.

La de los bisabuelos campesinos.

La sequía.

El hambre.

El campo tan seco que hasta los sapos pedían agua con sombrero…

Pero los guajes, ¡esos sí crecieron!

Y gracias a ellos, la familia no se murió de hambre.

 

—Desde entonces, los guajes son parte de nosotros —dijo el abuelo—. Son fuerza, son historia…

—¡Son invasión culinaria! —interrumpió Raúl—. ¡Hasta en la sopa!

 

El abuelo soltó una carcajada que casi lo hace caer del banco.

 

—Niño dramático —le dijo—. Lo que tú tienes no es cara de guaje… ¡es espíritu de guaje!

 

Esa noche, mientras cenaban (sorpresa: arroz con guajes), Raúl se miró en la cuchara y gritó:

 

—¡Ya lo dije! ¡Tengo cara de guaje!

 


Toda la familia se rió tanto que hasta el tío Arturo se atragantó con una semilla.

Desde entonces, Raúl dejó de quejarse tanto.

Bueno… un poquito menos.

 

Empezó a escupir las semillas con estilo, como si fuera vaquero en duelo.

Y cada vez que su abuelo le decía “guaje sabio”, él sonreía.

Pero los años pasan

 

Raúl creció.

El árbol de guajes dejó de dar frutos.

El abuelo partió una tarde, tranquilo, justo bajo su sombra.

Y la casa se fue quedando en silencio.

 

Raúl se mudó a la ciudad, donde los árboles tienen más cables que ramas.

La comida sabía distinta.

Y los guajes… bueno, casi no existían.

 


Pero a veces, solo a veces, caminando por el mercado, los veía.

Verdecitos.Feos.Perfectos.

Compraba un puñito, los pelaba con calma, y aunque el sabor seguía siendo fuerte, un poco raro, con esa textura de “esto no es frijol pero tampoco fruta”, algo dentro de él sonreía.

No por el sabor.

Sino por lo que recordaba.

El patio.El árbol.La familia riendo.

El abuelo diciendo: “guaje sabio”.

Y aunque seguían sabiendo raros,

Raúl sabía algo más:No eran solo comida.Eran felicidad.Y un poquito… familia…..

 





lunes, 8 de diciembre de 2025

¿LA FOTOGRAFÍA MÁS ANTIGUA DE TEPOTZOTLÁN?

 

Existe en el acervo fotográfico de nuestro pueblo una imagen datada de 1890, cuya escena transcurre en el ex colegio noviciado de jesuitas (hoy Museo Nacional del Virreinato). Dos sacerdotes (se adivina por sus vestimentas que lo son), sostienen una animada plática al calor del sol de la mañana, en el Patio de Los Aljibes que, al parecer, ha tenido mejores tiempos, pues se haya un tanto descuidado. El fotógrafo habrase apoyado de alguna manera en la caja de agua, direccionando el instante del nororiente al surponiente. Ambas bocas de los aljibes se yerguen  intactas, como hasta hoy, por lo cual podrían pasar, ellas solas, como una imagen de apenas ayer.

Las aguas que se mecen en los intestinos antiguos, provocan un cierto esoterismo de zahoríes. La torre de San Francisco Xavier apenas asomándose por el ángulo y la luz desplegada en el paredón y sus seis ventanales visibles, uno de ellos, en la parte superior, casi medio abierto, casi invitando a asomar el ojo en sus tenebras. ¿Hay alguien asomado a esas ventanas? ¿Fantasmas, sombras, cenizas? Llevemos ahora las preguntas al centro del patio: ¿de qué hablarán los rubicundos sacerdotes? ¿Qué día habrá sido? ¿Sería en las postrimerías de la época de lluvias? Una pregunta más ¿será ésta la fotografía más antigua tomada en Tepotzotlán?

El desarrollo de la fotografía comienza, formalmente, con el francés Joseph Nicéphore Niépce, quien en 1826 hizo la que se considera la foto más antigua del mundo: "Vista desde la ventana en Le Gras". En México, se tiene registrada como la primera fotografía tomada en suelo nacional una panorámica del puerto de Veracruz de 1839, obra de Jean Prelier Dudoille. Casi todas las imágenes históricas que conocemos de Tepotzotlán, se realizaron a partir de principios del siglo XX.

Vista desde la ventana en Le Gras

Panorámica del puerto de Veracruz

Ésta que nos hechiza (cuyo autor desconocemos), es de una década antes: 1890. En eses año, aún no se pensaba siquiera que la paz de la dictadura porfiriana se rompería relativamente pronto. Para fortuna nuestra, había fracasado el proyecto de hacer el viejo colegio una penitenciaría. Se habían alternado en la presidencia municipal don Demetrio Lozano y don Pablo C. Trejo, quienes precedieron a don Antonio Leguízamo. Tepotzotlán era un pequeño universo lejano, casi perdido, ajeno (aparentemente) al teatro del mundo.  


* Investigación y texto del anticronista de Tepotzotlán, Juan de Dios Maya Avila