miércoles, 25 de marzo de 2026

THEPOSSOTLAN EN 1743 / ¿ES POSIBLE HALLAR LA CASONA DEL CACIQUE MARTÍN MALDONADO?

 

Entre los más recientes mapas que el Archivo General de la Nación ha puesto a disposición del público en general, resalta un litigio por un predio que, según la información vertida por el propio archivo, corresponde al año de 1743 y que se ubica en la zona norponiente de la traza novohispana del antiguo señorío de Tepotzotlán. La disputa es entre las autoridades comunales de los naturales (otomíes o nahuas) y familias presumiblemente de origen español.

En la franja superior del mapa se lee el nombre de nuestro pueblo:

Thepossotlan

Y en el oriente y poniente dos arcos, respectivamente, que simbolizan el cielo por el que ha de caminar el sol. Por eso al oriente, el astro rey, con rostro barroco, está apenas entrando en la clave, y al poniente, por el contrario, la ha atravesado ya, indicando el amanecer y el crepúsculo. Asimismo, el norte está indicado por una aguja o punta de lanza que, encaramada sobre una esfera y cruz al centro, enseña el camino hacia el austro. Y el sur se marca con una cruz —que en su diseño recuerda a la de Jerusalén— sobre pedestal de piedra en dos cuerpos.

Justo en un invisible cuadrante suroriente, podremos identificar —porque la traza no ha cambiado lo suficiente para que no la reconozcamos—, primero a la parroquia de San Pedro y su atrio atestado ya de olivos, que precisamente se identifica con la palabra:

 Parroquia

Escrita justo en la entrada principal del atrio. Aunque no está identificada con ningún nombre, adivinamos, presumiblemente, en el costado norte atrial, la casona que hoy en día (y desde hace por lo menos dos siglos) pertenece a la familia Cabiedes, de cuya entrada se desprende una ¿escalonada?, que llega directamente a la correspondiente entrada al atrio.  “Detrás” de la casa Cabiedes, notamos, como aún se pueden ver (aunque en tristísimas ruinas), los Molinos de Xuchimanga con un letrero

Molino

Que los demuestra. El pintor ha querido plasmar tanto los edificios de molienda, como el agua que entra para hacer funcionar la maquinaria y que es representada en dos líneas de olas que se vierten por un ¿apantle?

            Al suroriente del atrio, se mira la hostería con su gran umbral atacado por sombras e inmediatamente después el templo de San Francisco Xavier y frente a él, al poniente, una estructura que presenta dos leyendas:

Colegio

¿Cazo? ¿Caza?

Que quizá refiera a que cerca está el colegio (casa) de los jesuitas. Al poniente de la parroquia, domina el centro del mapa la gran plaza mayor de Tepotzotlán, en cuya esquina surponiente vemos un candoroso establecimiento:

Carnicería 

Y justo a un lado, otra estructura que más que una ubicación exacta, podría estar sugiriendo otro de los complementos del colegio: el camarín de la Virgen de Loreto, terminado de construir apenas una década antes de la factura de este mapa. Ello porque el letrero que le nomina dice:

Camarino

Y justo al surponiente, en la esquina inferior derecha del mapa, vemos un conjunto de casitas que dicen:

Curato

Y más allá, otra construcción con un término difícil de entender:

¿Norias?

¿Natas?

¿Notas?

Siguiendo con la traza del pueblo, sin detenernos en el pequeño mapa inferior que detallará los terrenos en litigio, caminamos hacia el norte, por el mismo linde poniente, y llegamos a un caserío que nombran:

Comunidad

Que quizá se refiera a que son propiedades comunales de los naturales (otomíes y nahuas) de Tepotzotlán. Y prosiguiendo por el norte, damos con las casas de:

¿Abelar?

Pacheco

Cantabrana

Garrido

Y justo en la costilla norponiete que linda con la plaza mayor, tenemos una serie de casonas en colindancia, y que quizá por ello se marcaron con el signo = entres sus dueños, que son:

Carrillo = Ramírez = Zamorano

Y que corresponden a la actual zona de restaurantes que van de Los Virreyes hasta el Montecarlo. Y cruzando la calle donde hoy nace la avenida Eva Sámano, justo en su esquina con la actual calle Virreyes, hacia el poniente, vemos una gran casona, que hoy son los portales que miran hacia la Casa de la Cultura, que parece decir:

Diezmo

Así que pudiera tratarse de la famosa Casa del Diezmo, construcción donde el clero solía resguardar las contribuciones que daba la feligresía y que es típica de las poblaciones novohispanas. Y ya casi le hemos dado la vuelta al pueblo, resta la sección correspondiente al lado superior izquierdo (nororiente), la cual presenta, precisamente, el espacio que está en litigio, entre Zamorano y su contrincante Ortega, y que es la que da motivo a este mapa. Dichos predios están sumamente cercanos a los Molinos de Xuchimanga. Son legibles los siguientes datos:

Derramadero

Ortega

Zamorano

Camino Real (va punteado)

Lomas que crían el derramadero

Calle del Molino

Es posible que los derramaderos a los que hace alusión, se traten de desfogues de los propios Molinos de Xuchimanga, ya que parece botar de éstos una especie de zanja o ducto que, atravesando los predios de Ortega y de Zamorano, conecta con el mentado derramadero. Aunque esto es sólo una suposición.

Me falta una casona que me llama especialmente la atención. La intitula una oscura frase:

Torre Loi

¿Qué significa? Mi hipótesis al respecto es que se trata de la firma del licenciado que corroboró el documento. Me sustento, para ello, en el Diccionario de abreviaturas novohispanas del Instituto de Investigaciones Filológicas de la UNAM. Pudo tratarse de Melchor de la Torre, quien volverá a Tepotzotlán, quince años después, en 1758, a resolver otro litigio, pero ya con el cargo de juez. Dicho mapa ya lo analizamos con anterioridad, pero es de suma importancia para entender el que nos ocupa ahora (el de 1743) porque nos ayuda a estipular la siguiente segunda hipótesis: que la casona sobre la cual ha firmado el licenciado Torres, corresponde a la familia del cacique nahua en turno don Martín de Velasco Maldonado y su hermano don (¿Francisco? ¿Luis? ¿Juan?) de Velasco Maldonado, ambos descendientes del cacique fundador don Martín Maldonado Itlatzin, célebre por haber donado los predios donde se construyeron los colegios jesuitas y por aunar al antiguo barrio de Amaxac su propio patronímico, con lo cual se instituyo el barrio de San Martín.

Casa de Martín Maldonado 1743

            En el mapa de 1758 se realiza un minucioso dibujo de la casona de los caciques, la cual se muestra construida completamente de piedra (cantera y tezontel, seguramente), característica que el dibujante del mapa de 1743 también dejó constatado. Y si bien el de 1758 sugiere la cercanía entre la casona y los Molinos de Xuchimanga, el de 1743 es mucho más específico en establecer las colindancias y gracias a ello, sabemos que la heredad de los Maldonado tenía su fachada mirando hacia la llamada Calle del Molino, a escasos metros de la entrada a los mismos, lo cual nos pudiera ayudar a establecer que dicha casona debió haberse erigido en los solares que hoy se ubicarían sobre avenida Juárez y que, según la tradición oral, terminaron formando parte de los inmuebles jesuitas. Muy posiblemente, la antigua casona del cacique, estuviera en lo que hoy en día son las propiedades de la familia de origen italiano Baldi. La prospección arqueológica ayudaría a esclarecer el asunto y la buena interpretación de estos mapas.

Casa de Martín Maldonado 1758

  Por último,  el litigio que nos compete remata su mapa con un croquis secundario dibujado en la parte posterior y que busca detallar el solar que se está pelenado. Antecede un texto que con muchas oscuridades —a causa de nuestro poco entendimiento en la paleografía— vertemos a botepronto así:

Por el pressente dessenio mapa a queb enzo queda en que lugar de el pueblo pedazo que se litiga con sus linderos y vecindades el que pondré para mejor comprenderlo en esta forma

 

Y en el dibujo vemos:

La zanja a un costado de la casa de Ortega (casa de piedra) y el derramadero que separa su predio del de Zamorano en el cual cunden los maizales. Ambos predios, al poniente, tienen sus entradas mirando hacia el camino real y al oriente colindan con la zanja. Y en seguida viene el predio que se litiga cuyo ángulo inferior derecho es la esquina que hacen una calle sin nombre y el Camino Real.

 

 

Anticrónica del anticronista de Tepotzotlán, Juan de Dios Maya Avila Ehmibäthä

 

 


miércoles, 11 de marzo de 2026

ZONA ARQUEOLÓGICA MOLINOS DE XUCHIMANGA, TEPOTZOTLÁN, MÉXICO

 

¿Eres de Tepotzotlán y no conoces la zona arqueológica de los Molinos de Xuchimanga?

Dicen que uno no puede amar lo que no conoce y que tampoco se puede defender lo que no se ama. Para generaciones de tepotzotlecas que rondan entre los 50 y los 70 y más años, los Molinos de Xuchimanga aún son uno de los referentes que completaban el complejo del gran colegio jesuita de Tepotzotlán, tanto como el templo de San Francisco Javier, o la Huerta o cada uno de los claustros, entre otros símbolos importantes. Desafortunadamente, en las últimas décadas del siglo pasado, tras de que el Instituto Nacional de Antropología e Historia le expropiara dicha propiedad a la familia Monroy —actuales dueños de la Hacienda de Xuchimanga (en las faldas del Jorobado)— los molinos, en lugar de ser incorporados al resto del Museo Nacional del Virreinato, fueron aislados (tapiando los accesos que les comunicaban con el resto del inmueble) y sometidos, de manera absurda, a un proceso de destrucción que hoy en día ha terminado con un, aproximadamente, 40 por ciento de lo que eran cuando fueron requisados. Han sucumbido muros, techos, túneles, aparatos de molienda y han sido saqueados sistemáticamente sus vestigios novohispanos y prehispánicos. Ah, porque —por si fuera poco—, los Molinos ocupan, casi con toda certeza, parte de lo que debió ser el conjunto imperial o templo mayor de los mexicas tepotzotlecas.


            En el año 2008, ante el escandaloso abandono en que se tenía a los Molinos y aprovechando que el gobierno tenía prevista la recuperación de diversos inmuebles para celebrar el bicentenario de la independencia de México, la sociedad civil de Tepotzotlán, con el cronista municipal don Gaudencio Neri Vargas a la cabeza, presionó para que el INAH se hiciera responsable de lo que décadas atrás había expropiado aparentemente para bien del pueblo y del museo. La entonces directiva de ese INAH panista, prometió la restauración total de los molinos  y su eventual apertura al público. ¿Qué sucedió? Bueno, se hicieron pésimos trabajos de restauración en lo que fueran los potreros de los molinos, convirtiendo el espacio en la bodega oficial del museo y no se hizo nada más. El supuesto fideicomiso para la restauración había resultado un fraude.


Desde entonces, salvo algunos atisbos de quererle estudiar en el ámbito académico, ninguna de las directivas del museo han hecho lo correspondiente para evitar la destrucción sistemática que a causa de la intemperie y del abandono, está acabando con esta zona arqueológica única en su tipo en todo el país. Si bien es casi imposible pensar que se puedan restaurar como los molinos novohispanos que eran antes, el recuperarlos como un espacio de producción artística y cultural gestionada por los diversos grupos, asociaciones, creadores, artistas, escritores, pintores originarios de Tepotzotlán, podría ser una alternativa que evitara la desaparición total de nuestros Molinos de Xuchimanga.

Las imágenes que acompañan este texto, fueron tomadas por un valiente compañero que se arriesgó a compartirlas con nosotros pero que prefiere guardarse en el anonimato para evitar represalias de quienes no quieren que se hable de los Molinos de Xuchimanga. ¿Reconocen desde dónde fueron tomadas? Es el hotel que se construyó, entre escándalos y oscuridades, en una de las esquinas históricas del colegio jesuita (aunque no era propiamente parte del conjunto, pero sí en relación con él). Es doloroso pensar que los Molinos de Xuchimanga pudiesen correr la misma suerte. Pareciera que hay quienes así lo están propiciando, aislándolos, descuidándolos, invisibilizándolos, dejando de pronunciar hasta su nombre. Por eso es que muchas de las nuevas generaciones de Tepotzotlán nunca han escuchado hablar de los molinos, muchos menos los conocen. ¿Será la hora de retomarlos para la sociedad civil de Tepotzotlán? ¿O estaremos dispuestos a perder una más de nuestras zonas arqueológicas? ¿O será acaso que la nueva directora del museo, quien ha dado muestras de una apertura sin precedentes y de un ánimo constructivo en su relación con el pueblo,  marque un hito histórico y gestione la restauración y apertura de éste, nuestro espacio? ¿O tú que piensas, pueblo? ¿Conocías, acaso, los Molinos de Xuchimanga, patrimonio arqueológico de Tepotzotlán?



Zona Arqueológica Molinos de Xuchimanga, avenida Benito Juárez s/n, barrio de San Martín (Amaxac), CP 54600. Horarios de visita: nunca, está abandonada.


 

Texto propositivo hecho por el anticronista del pueblo, Juan de Dios Maya Avila Ehmibäthä

 

 


viernes, 6 de marzo de 2026

MURAL HISTÓRICO DE TEPOTZOTLÁN

 

¿Quién entre los visitantes al Palacio Municipal de Tepotzotlán no ha visto el bello mural que desde hace décadas adorna la pared norte de este inmueble? Imposible subir las escalinatas y no entretenerse con las escenas que a manera de caleidoscopio ofrece a los curiosos. Rápidamente, nos damos cuenta que relata la historia de nuestro pueblo desde su lejano pasado otomí hasta la colonia. He ahí los primeros basamentos para adorar al dios jorobado Ccogüe, luego la llegada de los peregrinos aztecas y la eventual conquista de los mexicas que prevalecieron el nombre del pueblo, aunque en náhuatl: Tepotzotlán, y sus costumbres socioeconómicas, como la caza y la siembra. 

La trágica llegada de los hispanos es contemplada por un par de espías mexicas que llevarán la noticia a Mexico Tenochtitlan y eventualmente al señorío aliado de Tepotzotlán, lugar donde, al cabo de la llamada Noche Triste, y en la huida del destrozado ejército español, se libraría una cruenta batalla con la cual la antigua ciudad prehispánica del jorobado, comenzó a extinguirse. En la esquina inferior izquierda, un grupo de antiguos mexicanos y un soldado español, contemplan la escena en una loma que se yergue sobre curiosa y misteriosa cueva cuyo origen y nombre nos es oscuro.

¿Será la Cueva de la Leona? ¿Será la cueva del Cerro de la Columna? No sabemos. Sólo nos queda mirar, como aquel grupo sobre la loma, el nuevo orden sobre el que se edifica el Tepotzotlán colonial y sus dos grandes símbolos: el colegio jesuita y los Arcos del Sitio, ambos presentados en su etapa formativa. El mural se dice fechado de 1975, aunque algunos dicen que realmente se terminó entre 1979 y 1981, cuando fue presidente municipal Alberto Almazán. Su creadora fue la pintora Lolita Rangel, de quien no tenemos mayores datos, pero quien ya ha dejado este bello “códice” a la posteridad.




* Escrito por el anticronista de Tepotzotlán, Juan de Dios Maya Avila Ehmibäthä



miércoles, 4 de marzo de 2026

EL NIÑO Y EL COLIBRÍ

 

Con su cuento El niño y el colibrí, Jorge Elliot Aguilar, de nueve años de edad y originario de Huixquilucan, ganó el tercer lugar (compartido) de nuestro Concurso Estatal Pensador Mexicano de Literatura escrita por Niños y Jóvenes 2025. Su prodigiosa imaginación los dejará acolibrizados, tanto como lo hizo con nosotros:

 

 El niño y el colibrí

Hace un año, había un colibrí llamado Jor. Jor siempre iba a visitar a un niño llamado Jorgito. A los dos les encantaba jugar en el jardín. Jor era el mejor en las escondidas y las trais, mientras que Jorgito era el campeón en esconditrais y salchicha.

Eran muy felices… hasta que un día apareció una bestia.

¡Era tan grande como el Burj Khalifa! De un solo paso, podía avanzar más de quinientos metros. Pronto comenzó a destruir todo a su paso.

Un mes después, ya había arrasado gran parte de Europa, Asia y casi todo Estados Unidos. Llegó a la frontera de México.

Ese día, Jor y Jorgito estaban en el cine. Algunos lugares trataban de mantener sus actividades para calmar a la gente. Cuando salieron, se dieron cuenta del peligro.

—¡Tenemos que hacer algo! —dijo Jorgito.

La bestia llegó al Estado de México. Jor y Jorgito fueron a buscar ayuda a la casa del presidente, pero cuando llegaron… ¡la bestia ya se lo había comido!

Con hambre y sin saber qué hacer, buscaron comida. Todas las tiendas estaban cerradas, menos una. En la puerta decía:

"La bestia es muy peligrosa. Todos necesitamos algo. Comida gratis."

Entraron. Estaba lleno de gente y no había cajeros. Cada uno tomaba lo que podía. Ellos también lo hicieron.

Jorgito vivía en una casa grande. Desde el quinto piso, podía ver a la bestia a lo lejos. Estaba como a seis kilómetros, y cada vez se acercaba más. Las calles estaban llenas de gente corriendo y gritando.

Jorgito recordó un bote de basura limpio que su mamá guardaba en el jardín “por si acaso”. ¡Ese “por si acaso” había llegado! Él y Jor se escondieron ahí. La bestia no los vio, pero sabían que no podrían quedarse para siempre.

En la bodega de la casa, encontraron una armadura, una espada de juguete reforzada con metal y un casco.

—¡Esto nos puede ayudar! —dijo Jorgito.

Jor, con su velocidad y su pico afilado, también estaba listo para luchar.

Para entonces, la bestia había destruido buena parte del mundo. Los sobrevivientes se habían refugiado principalmente en África y en el Estado de México.

Los que vivían en el Estado de México conocieron a Jor y Jorgito. Todos empezaron a apoyarlos.

—¡Vamos a pelear por nuestro mundo! —gritó Jorgito.

La batalla fue dura. Aunque Jor picoteó a la bestia en la cabeza, eso solo la hizo enfurecer. La bestia se volvió aún más violenta y los venció. Pero ellos no se rindieron.

Estaban tristes. Las casas de sus amigos habían sido destruidas y en la suya ya no quedaba comida. Volvieron a la tienda, comieron algo, y entonces pensaron:

—¿Qué pasará con los que no tienen hogar?

Reunieron a un grupo de personas y les dijeron:

—Nosotros iremos por la bestia. Ustedes construyan nuevas casas.

Buscaron por todos lados hasta que finalmente la encontraron de nuevo.

—¿Y si usamos un jet? —preguntó Jorgito.

El ejército, que ya los conocía por su valentía, les prestó uno. Pero el jet solo le hizo cosquillas a la bestia.

Entonces, Jorgito recordó algo:

—¡Hace cinco años leí sobre una espada mágica clavada en una piedra! Tal vez sea real…

Acompañado de Jor, buscó el lugar donde creía que estaba la espada. Y sí, ahí estaba.

Intentó sacarla… ¡y lo logró!

Volvieron al jet. Volaron sobre la bestia, y cuando estuvieron justo arriba de su cabeza, Jorgito se lanzó al vacío con la espada mágica en la mano. Justo antes de caer sobre ella, Jor lo empujó con todas sus fuerzas para que apuntara mejor.

¡La espada se clavó en la frente de la bestia!

La criatura rugió, tembló y cayó al suelo. Jorgito se deslizó por su espalda como en una resbaladilla, justo antes de que se estrellara contra la tierra.

¡Habían ganado!

Un año después, el mundo ya era normal otra vez. Las casas estaban reconstruidas. Las personas volvían a sonreír. Y todos sabían que un niño y un colibrí valientes habían salvado el planeta.


* Ilustrado con colibríes de diversos códices mexicanos


viernes, 13 de febrero de 2026

CASONAS ANTIGUAS DE TEPOTZOTLÁN EN UNAS FOTOS DE GUILLERMO KAHLO

Es bien sabido que, en la primera década del siglo XX, el fotógrafo alemán Guillermo Kahlo, padre de la pintora Frida Kahlo, visitó varias veces el antiguo colegio jesuita de Tepotzotlán, el cual, sin ser todavía oficialmente un museo, ya se había convertido en uno de los paseos más exóticos para la gente que visitaba la  alejada Ciudad de México. Kahlo llevó a cabo una serie de ensayos fotográficos en diversas sesiones, sobre todo para la revista El Mundo Ilustrado, uno de los pasquines de mayor demanda entre la rancia aristocracia del porfiriato. Múltiples imágenes nos legó el teutón, tanto de los exteriores, pero sobre todo de los altares del templo de San Francisco Xavier, que al parecer le tenían fascinado. Entre sus fotografías, hay una, probablemente de 1910 o 1911, en que la fachada es el personaje principal, y no obstante, nos ofrece detalles sobre algunos elementos arquitectónicos circundantes, ya desaparecidos en nuestra época.


En primer lugar, vemos algunos pinos sembrados a las afueras de la hostería donde los jesuitas daban alojo tanto a visitantes, como a peregrinos, pues la Virgen de Loreto contaba con nutrida feligresía.


Inmediatamente, a un costado, en la esquina interior que hacen el templo de San Francisco Xavier y la barda septentrional de su atrio, vemos las tumbas de personajes prominentes que fueron retiradas, décadas más tarde, cuando se hizo el “embellecimiento” contemporáneo de lo que a la postre sería el Museo Nacional del Virreinato.


En la fachada del templo, como ojo divino, el ventanal ochavado, que es también ombligo de balance en ese “caos” churrigueresco, aún está sostenido por dos arcángeles, demostrando que para 1911 aún no se había perdido el arcángel que, viendo la fachada de frente, estaba de lado derecho. Dicho personaje se perdió no hace mucho. Quién sabe dónde estará, si en el taller de restauración del museo o en algún jardín, de adorno. Y no sabemos, por la opacidad de información que se tiene ante tales sucesos.  ¿Se habían dado cuenta ustedes de que faltaba?


Ahora, hacia el sur, vemos lo que son dos grandes casonas presumiblemente del siglo XVIII, aunque para entonces ya fraccionadas quizá para que varias familias les habitaran. Corresponden, actualmente, a una casa de préstamos y dos bancos. Cambios sustanciales ha habido en las fachadas, pero también hay detalles, sobre todo en los pórticos, que se conservan aún. Resaltan los adornos, pilastras, arquerías, los portones de madera y sus desmesuras. También algunos vanos tapiados, incluyendo un pórtico que yace parcialmente censurado con ladrillos, a no ser por una puerta que se le practicó lateralmente.



Cruzando la hoy Avenida del Trabajo, en su banqueta oriental, vemos otra casona con la entrada obstruida por adobes y una especie de tapanco que ayuda a alcanzar la entrada. Casona y tapanco, sobre una estructura de piedra —distinta a la guarda que hoy vemos— de la que habría que preguntarse si es novohispana o acaso restos de algún tecpan o teocalli o casa prehispánica.





Escrito por el anticronista Juan de Dios Maya Avila. Otras noticias similares pueden consultarse en Ncogüe. Crónicas de Tepotzotlán libro ganador del Primer Premio de Crónica Estatal Yoyontzin Nezahualcóyotl editado por la Secretaría de Cultura del Estado de México




miércoles, 7 de enero de 2026

CONSTITUCIONES DE HARO Y PERALTA PARA TEPOTZOTLÁN 1777

En 1771, luego de que años atrás fueran expulsados los jesuitas de la Nueva España, el arzobispo Alonso Núñez de Haro y Peralta convirtió el colegio de Tepotzotlán en el “Seminario de instrucción, retiro voluntario y corrección”. Una suerte de reformatorio para eclesiásticos rebeldes y mal portados. Para el buen funcionamiento de dicho reformatorio, creo un mamotreto de leyes conocido como las Constituciones, cuyo fragmento inicial presentamos aquí de manera facsimilar.









Constituciones de Alonso Núñez de Haro y Peralta, edición facsimilar editada por el
Anticronista de Tepotzotlán

Juan de Dios Maya Avila Ehmibäthä